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"Las Siervas estamos llamadas a amar como María"

 

Lima, 15 Agosto 2012.- Con ocasión de nuestro XIV Aniversario de Fundación les compartimos una entrevista realizada a la hna. Carmen Cárdenas quien es nuestra Coordinadora General. Ésta ha sido publicada en la página web de Noticias Sodálites (http://www.noticiasdelsodalicio.com/ ).

 

Las Siervas estamos llamadas a amar como María

14/08/12, (Noticias sodálites - Perú). Con ocasión del XIV aniversario de la fundación de las Siervas del Plan de Dios, una de las ramas de consagradas de la Familia Sodálite, conversamos con la Hna. Carmen Cárdenas Cervantes, actual Coordinadora General de las Siervas, para que nos comparta su experiencia y el apostolado que realizan en los cuatro continentes donde habitan.

La Hna. Carmen Cárdenas Cervantes ingresó a la comunidad de las Siervas del Plan de Dios en el año 1998. Pertenece a dicha institución desde sus inicios. Sus primeros estudios fueron en la Universidad Santa María de Arequipa. Acompañada con otras hermanas en el 2002, abrió la primera comunidad de Siervas del Plan de Dios fuera del Perú, en Colombia. Formó parte del equipo de pastoral de la Universidad Católica de Oriente, donde dio también clases de humanidades, se encargó de algunos programas radiales, y realizó acompañamiento espiritual y formación a jóvenes campesinos afectados por la violencia. En el año 2003, profesó sus Compromisos Perpetuos de Plena Disponibilidad Apostólica en las Siervas del Plan de Dios. Al poco tiempo de su regreso al Perú, fue nombrada Coordinadora General de las Siervas en el año 2006. En esta oportunidad nos cuenta un poco sobre sus inicios en las Siervas, su llamado y los retos de hoy como Coordinadora General.

¿Cómo conoció a la Familia Sodálite? ¿Cómo se vinculó? 

Tenía aproximadamente 20 años, estaba por terminar la universidad y con todos los cuestionamientos e inquietudes sobre el futuro, cuando una compañera me invitó a una actividad organizada por el Arzobispado de Arequipa para censar los comedores populares, fui y conocí a varias jóvenes que estaban ayudando en ese proyecto. Poco tiempo después, a partir de esta experiencia, me fui vinculando al Movimiento de Vida Cristiana (MVC) y conociendo más la espiritualidad sodálite.                                                                   

¿En qué momento descubre el llamado para consagrar su vida a Dios?

Pienso que no hubo “un momento”, más bien mi vocación fue algo que se dio de manera muy connatural. Estaba terminando la universidad y ya estaba más comprometida en el MVC, comenzaba a descubrir la necesidad de tener una vida espiritual más sólida, una oración más cercana y permanente con Dios. Empecé a apoyar el apostolado en un centro pastoral y trabajaba en los proyectos sociales del MVC (comedores, guarderías, postas médicas); allí tenía contacto con muchas personas necesitadas, niños, jóvenes, adultos, ancianos y tuve la oportunidad de visitar a algunos enfermos terminales, de acompañar y escuchar a personas que sufrían o que estaban solas. Creo que el contacto con todas estas realidades me llevaron a comprender que mi vida debía dedicarla al servicio de estas personas sufrientes, que no me bastaba darles poco o mucho de mi tiempo, pues eran muchas las personas que necesitaban y buscaban un sentido para sus vidas. Resonaba en mi interior el llamado a hacer algo más por los pobres, me descubría responsable de ellos, y lo que hacía ya no era suficiente; entonces comprendí que toda mi vida debía ser para Dios, porque de esa forma Dios podría llegar a ellos. Comprendí que el Señor quería contar conmigo incondicionalmente.

¿Cómo definiría la vocación de las Siervas del Plan de Dios?

Las siervas descubrimos el llamado de consagrar nuestras vidas para servir a Dios y a nuestros hermanos, de manera especial a aquellos que más sufren. Vivimos en comunidad, siendo ella parte fundamental de nuestro llamado, entregándonos totalmente al apostolado. Nuestra total consagración a Dios se expresa de forma explícita en el hábito que llevamos, éste es signo de la plena disponibilidad que vivimos, de nuestro amor y servicio a Dios y explícita adhesión a la Iglesia; además de ello, invita a reflexionar sobre las realidades eternas y la presencia de Dios en la propia vida, remitiéndonos al fin último al que ha sido llamado todo ser humano.
Nuestro emblema, el Corazón Inmaculado de María, nos recuerda a las Siervas que estamos llamadas a amar como María, cuyo corazón está totalmente conformado con el de su Hijo, el Señor Jesús, para que llenas de su amor lo comuniquemos en nuestro servicio a los demás, buscando alcanzar la perfección de la caridad a la que estamos llamadas.

 ¿A qué se dedican las Siervas del Plan de Dios?, ¿En qué ámbitos prioritarios se realiza su labor apostólica y caritativa?

Las siervas nos dedicamos al apostolado anunciando el Evangelio a todos, con una especial atención a las personas frágiles, enfermas, pobres y necesitadas, buscando salir al encuentro de los que más sufren, en quienes descubrimos de manera particular el rostro sufriente de Cristo. En tal sentido, nuestra acción apostólica y caritativa en la Iglesia se desarrolla en diferentes ámbitos como son la salud, la educación, el trabajo de asistencia y promoción humana a los necesitados, la formación en la fe, el trabajo con los jóvenes y las familias.
En Lima, el lugar donde fuimos fundadas, estamos a cargo del Colegio “La Alegría en el Señor” para niños y jóvenes con discapacidad física y del Centro de rehabilitación “Corpus et Vita”, damos catequesis y hacemos trabajo pastoral en colegios y universidades, tenemos casas de reposo y desarrollamos una pastoral de salud en clínicas y hospitales, entre ellos en el Hospital Naval del Callao donde contamos también con una comunidad. Por otro lado, junto a grupos de jóvenes y adultos voluntarios, realizamos diversos proyectos y campañas solidarias, viajes de misiones y obras sociales en distintos pueblos y asentamientos humanos.

¿En qué lugares están?, ¿cuántas comunidades existen actualmente? y ¿de qué nacionalidades son sus vocaciones?

Actualmente estamos en cuatro continentes: América, Europa, Asia y África, con 14 comunidades. Pertenecen a la institución  hermanas de distintas nacionalidades de Perú, Ecuador, Colombia, Argentina, Chile, Venezuela, Brasil, Costa Rica, China y Filipinas.

¿Qué implica para las Siervas ayudar a los que más sufren?

Cuando se vive en contacto con tantas personas que sufren profundamente, entonces vas comprendiendo que de nada valen las muchas o pocas capacidades, ni los muchos o pocos recursos, si no se ponen al servicio del Señor, y que si Dios nos ha elegido al servicio de su Plan, es para que siendo fieles y esforzándonos cada día por cooperar con su Gracia, lo dejemos ser y obrar a través nuestro; entonces nos convertimos en testigos de verdaderos milagros.

¿Por su experiencia, y ahora como Coordinadora General, qué cree que motiva a muchos jóvenes a cuestionarse con la vocación a la vida consagrada?

Los jóvenes están en permanente búsqueda y sin duda la principal pregunta es cómo hacer para alcanzar la felicidad; sin embargo, la respuesta a estos anhelos no la buscan en teorías o discursos. Los jóvenes de hoy más que nunca buscan testigos, hombres y mujeres que den testimonio con su vida de que esa felicidad es posible y es real; muchas veces esperan encontrar su propia felicidad desde la experiencia de otros. Por eso, el encontrarse con personas consagradas, que con su alegría transmiten a Dios, que están convencidas de que su llamado a entregar la vida por los demás vale la pena y que se esfuerzan por llevar una vida coherente y testimonial los atrae, lo que conduce a considerar el camino de la vida consagrada como una posibilidad para responder a sus anhelos de infinito y por lo mismo a preguntarse si están llamados a vivir lo mismo.

¿Cómo ha sido la experiencia de ustedes, las Siervas, al fundar comunidades en África y Asia?

El ir a un nuevo continente no deja de ser un desafío, y creo que Dios ha querido que las Siervas lleguemos a esos lugares porque son tierra de misión, donde  existen fuertes necesidades materiales  y espirituales. A lo largo de estos años de servir a la Iglesia en Angola y Filipinas hemos experimentado que existe un profundo hambre de Dios y esta búsqueda en parte se ve respondida cuando encuentran testimonios de personas que intentan saciar esa hambre y necesidad no siempre atendida.

Entre otros aspectos, desde los inicios, nos ha marcado la experiencia de ver cómo los catequistas africanos, de las aldeas y comunas de Angola, caminan alrededor de 4 horas bajo el sol –puesto que las vías en su mayoría quedaron destruidas por la guerra—buscando dar testimonio de su fe a sus hermanos. Por ello cuando llegan a nosotras nos sentimos responsables de darles una sólida formación en la fe, de acercarlos más al Señor y a los sacramentos, además de acompañarlos en su propia reconciliación.  Por otro lado, el trabajo en el área de salud, que se ha venido realizando en hospitales sumamente pobres, fruto de los muchos años de guerra, nos pone en contacto con la realidad fuerte de un país que tiene que ir resurgiendo. En Filipinas hemos tenido la experiencia de encontrarnos con pobreza en todos los niveles, incluyendo el aspecto moral. Actualmente sólo un reducido grupo habla español y además del inglés se hablan cerca de 170 dialectos a lo largo de las más de 7,000 islas que componen el Archipiélago de Filipinas, lo cual implica un gran reto para la evangelización. Sin embargo, el deseo de anunciarles a Dios y de buscar elevar su dignidad, nos ha llevado a realizar misiones en varias islas, en las que, acompañadas por un nutrido grupo de voluntarios del MVC de Cebú, preparamos diferentes actividades como brigadas médicas, catequesis, talleres de promoción humana y actividades recreativas.
Agradecemos a Dios el estar en este país, uno de los pocos de mayoría católica en Asia, un país con una fe viva que se manifiesta en la cultura y en su fuerte piedad popular. Por ello nos descubrimos alentadas a seguir con la tarea de la evangelización, cooperando con el Plan de Dios, para que desde Filipinas se irradie la fe y se extienda por todo el continente.

Las Siervas del Plan de Dios fueron fundadas en 1998, en la ciudad de Lima.  Están presentes en Perú, Colombia, Chile, Ecuador, Angola, Filipinas e Italia. Las siervas viven la espiritualidad sodálite, y su aniversario de fundación, que será celebrado mañana 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Virgen María.