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Sirviendo a “los pobres de espíritu” a 4000 metros sobre el nivel del mar


En el distrito de Ayaviri en Puno el 85% de la población vive en pobreza o pobreza extrema, por lo mismo existe un alto índice migratorio, es común que familias enteras viajen a la ciudad por mejores oportunidades laborales, quedando las personas de edad avanzada solas en los pueblos.

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Ante esta realidad las Siervas del Plan de Dios, presentes en dicho lugar desde 2007, buscamos acompañar de cerca a aquellos ancianos que han quedado abandonados de alguna manera por sus familias ya que la experiencia de soledad si bien es exigente siempre, en esta última etapa de la vida lo es más.

Es así que buscamos integrar el apostolado que realizamos en colegios de Ayaviri con las visitas a los ancianos de distintos pueblos de la zona. Hoy en día estamos velando por el bienestar de 35 personas ancianas, entre hombres y mujeres. En las visitas que realizamos además de llevarles alimentos y velar por sus necesidades materiales les brindamos compañía, instrucción catequética y buscamos asistirlos a través de los sacramentos por medio del trabajo conjunto con el párroco.

Agradecida con Dios

Hace unos días visitamos a Gregoria, una abuelita de 86 años que si bien tuvo nueve hijos ahora vive sola. Tiene tan solo una hija en Ayaviri que vive lejos de ella y la visita eventualmente. 

La salud de Gregoria es delicada y a pesar del estado de pobreza en el que vive es una mujer de Dios. Ella nos comparte: “Estoy contenta hermana y agradecida con Dios porque todos mis hijos pudieron estudiar”, “cada día de mi vida le agradezco a Dios por lo que me dio y le pido perdón por lo que me pudo faltar y por los pecados que cometí”.

Gregoria nos enseña mucho, ella es una persona que no reclama nada, y que se alegra muchísimo cada vez que la vamos a visitar. La experiencia de ayudar a otros termina siendo una fuerte y clara manifestación del amor de Dios, que no se cansa de amar a los suyos, a los más frágiles y necesitados, así como a todos aquellos que se dedican a su servicio.


Dominga es otra anciana de 68 años, ella está postrada y vive con su hijo que trabaja durante el día; ella también está prácticamente sola y cada vez que nos ve, se alegra mucho porque le encanta conversar con alguien y mucho más cuando le hablan de Dios. Dominga también es una mujer de Dios, reza por las vocaciones, para que sea cada vez más, y así podamos llegar a más personas que también están en necesidad como ella.      

 

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La ilusión de aprender – Una biblioteca para niños                 

Cada mañana, antes de las 9, más de 35 niños de entre 3 y 13 años esperan que se abran las puertas de la biblioteca, que se encuentra junto a la comunidad, para que los ayudemos a hacer sus tareas y responder a sus dudas e inquietudes.

“Es ya una costumbre el que vengan a visitarnos, ya que aunque no tengan clases ellos buscan compañía. Muchos de ellos son niños que viven solos en casa o en cuartos alquilados, pues sus padres trabajan en el campo y sólo los ven los fines de semana que los visitan y les dejan comida para que ellos mismos tengan qué cocinarse durante la semana. Esta realidad es muy común en Ayaviri, pues es la única manera en que los niños puedan tener la oportunidad de estudiar mientras sus padres trabajan de modo sacrificado en el campo.

En la Biblioteca, donde acogemos a los niños buscamos darles un horario con espacios de estudio, lectura, ortografía. El final de su estudio el espacio más querido por ellos es el tiempo de recreación con juegos didácticos en computadora, ajedrez, rompecabezas, etc.

El fin de semana es también una instancia para reunirnos con ellos, y es el momento en el que buscamos instruirlos en la fe, a través de videos catequéticos y un espacio de encuentro con Dios.

La experiencia de servir a nuestros hermanos más necesitados en Ayaviri es un reflejo de las Bienaventuranzas que el Señor Jesús nos enseña, especialmente la de “Bienaventurados los pobres de espíritus porque de ellos es el reino de los cielos”. La sencillez y la sensibilidad de los ancianos, los niños y todos aquellos que servimos, nos señala una actitud de estar despiertos y abiertos a captar el lenguaje de Dios y alegrarnos con el mayor bien que toda persona puede tener, el verse amada por Él y valorar la fe como don preciado por parte de Dios.